El amaranto: a favor de la vida
El amaranto posee un valor nutricional tan extraordinario que incluso la NASA lo ha considerado alimento esencial para los astronautas. Su cultivo no solo ofrece proteínas de alta calidad y múltiples beneficios para la salud, también contribuye al equilibrio ambiental: absorbe dióxido de carbono y libera oxígeno y agua, generando sustento para quienes viajan más allá de la Tierra. Así, este grano ancestral se convierte en símbolo de bienestar y esperanza, capaz de mejorar la calidad de vida aquí y en el espacio.
Tal es la relevancia del amaranto que, desde 1985, ha sido cultivado incluso en el espacio. Durante el vuelo orbital de la nave Atlantis logró germinar y florecer fuera de la Tierra, convirtiéndose en un símbolo de resistencia y esperanza. Este hecho histórico demuestra que el amaranto no solo es un alimento ancestral, sino también un aliado para el futuro de la humanidad.
Propiedades.
El amaranto destaca por su extraordinario valor nutricional:
Contiene alrededor de un 16% de proteína con un excelente balance de aminoácidos esenciales como ácido aspártico, ácido glutámico y lisina. Además, aporta carbohidratos de calidad, fibra natural y sales minerales.
Entre sus nutrientes más importantes se encuentran:
el calcio, hierro, fósforo, magnesio y ácido fólico, junto con vitaminas A, C y del complejo B (B1, B2, B3). Esta combinación lo convierte en un alimento completo, capaz de fortalecer el organismo y mejorar la calidad de vida.
El componente principal del amaranto es el almidón, que representa entre el 50 y 60% de su peso y se distingue por ser de fácil digestión. Además, contiene más calcio y hierro que las espinacas, lo que lo convierte en un alimento excepcional. Estas cualidades han despertado el interés de científicos y nutriólogos, quienes lo consideran un recurso clave para combatir el hambre en el mundo, gracias a su aporte proteico y energético.
Anticancerígeno.
El amaranto es reconocido como un alimento con propiedades anticancerígenas gracias a sus nutrientes únicos que han contribuido a mejorar la calidad de vida de muchas personas. Entre ellos destaca el escualeno, un poderoso antioxidante que ayuda a prevenir la formación de células cancerígenas y otras enfermedades. En la tradición japonesa se conocía como samedawa (‘lo que cura todo’), originalmente obtenido del aceite de tiburón. Hoy la ciencia ha demostrado que el amaranto contiene hasta ocho veces más escualeno que dicho aceite, convirtiéndose en una alternativa vegetal más saludable.
Además, el beta-fitoesterol y la proteína lunasin actúan en conjunto para regular la producción de células cancerígenas, favoreciendo tanto la prevención como el control de esta enfermedad. Así, el amaranto se consolida como un recurso natural de gran valor en la lucha contra el cáncer.
Enfermedades cardiovasculares.
El amaranto es considerado un alimento cardiosaludable gracias a su riqueza en calcio, fibra, magnesio, carbohidratos de lenta absorción y ácidos grasos esenciales. Su aporte de ácido oleico, linoleico y Omega 6 supera al de muchos cereales integrales, favoreciendo la salud del corazón.
Un estudio realizado en la Universidad de Rusia demostró que el consumo frecuente de amaranto, dentro de una dieta equilibrada, ayuda a reducir el colesterol y los triglicéridos. Además, la combinación de calcio, fibra y potasio mejora la función de los vasos sanguíneos, actúa como diurético natural y contribuye al control de la hipertensión.
El amaranto también es una alternativa nutritiva para personas con alergia al gluten o enfermedad celíaca, ya que su almidón, proteínas y aminoácidos —como lisina y metionina— lo convierten en un alimento completo. Combinado con legumbres, ofrece una fuente proteica de gran calidad, ideal para mantener una dieta saludable y variada.
Recomendaciones de uso.
La forma más tradicional y deliciosa de consumir amaranto es en el dulce conocido como alegría, considerada la primera barra de cereal natural capaz de aportar energía para comenzar el día.
También puede emplearse en la cocina como empanizador saludable: basta mezclar 250 gramos de amaranto con 100 gramos de harina de arroz. Esta combinación evita que el aceite se absorba en exceso y, al mismo tiempo, añade fibra y todos los beneficios nutricionales del amaranto.
El amaranto puede ser un aliado natural contra el estreñimiento. Una opción deliciosa es preparar un atole con leche de soya y amaranto, al que puedes añadir avena, canela y endulzar con piloncillo o miel. Para darle más sabor, incorpora pasas o nueces. Basta cocinar a fuego lento durante unos minutos, mover constantemente y disfrutar una taza por la mañana y otra por la noche para notar sus beneficios.
Otra forma práctica de consumirlo es añadir amaranto a tus comidas diarias: frutas en el desayuno, arroz, sopas, ensaladas o incluso mole. Su sabor neutro se adapta fácilmente a cualquier platillo, enriqueciendo tu dieta con fibra y nutrientes esenciales.
Una barra de alegría de amaranto es mucho más que un dulce tradicional: aporta más proteína que la mayoría de los cereales, contiene grasas vegetales saludables y minerales esenciales. Su fibra supera la de los granos comunes y su calcio es mayor al de otros cereales. Además, es rica en aminoácidos esenciales, con niveles de lisina superiores incluso al trigo y la leche, convirtiéndose en una opción nutritiva y deliciosa para cualquier momento del día
Biblioteca digital de Yareth.
Mayo 2026.




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