¿Que es una dieta?.
La dieta es la base de la alimentación y se refiere al conjunto de alimentos y platillos que consumimos a lo largo del día. Para mantenernos saludables, es necesario seguir una dieta correcta, capaz de cubrir las necesidades propias de cada etapa de la vida.
Una dieta equilibrada debe adaptarse al género, la actividad física, la estatura, el peso, el estado de salud y los recursos disponibles en la región. De esta manera, se previene el desarrollo de problemas relacionados con la alimentación, como el sobrepeso, la obesidad y la desnutrición.
¿Qué es comer?
Comer es un acto cotidiano que muchas veces pasa desapercibido, aunque implica una gran importancia y complejidad.
Alimentación saludable.
Una alimentación saludable consiste en seguir una dieta variada, con alimentos y preparaciones que aporten la energía y los nutrimentos necesarios para que el cuerpo cumpla sus funciones, mantenga la salud y reduzca el riesgo de enfermedades.
La
alimentación debe entenderse dentro de un
contexto biopsicosocial, ya que involucra factores biológicos, psicológicos y sociales que influyen en la manera en que nos nutrimos y en nuestra relación con los alimentos.
El contexto biológico de la alimentación se relaciona con el consumo de alimentos necesarios para cubrir los requerimientos de nutrimentos que el cuerpo necesita, garantizando así su correcto funcionamiento.
El
contexto psicológico de la alimentación se relaciona con los alimentos que elegimos por gusto o preferencia, aunque no siempre sean necesarios para cubrir las necesidades nutricionales del cuerpo.
El contexto social de la alimentación se relaciona con los patrones de consumo de los distintos grupos sociales. Incluye factores como el género, las costumbres alimentarias y los hábitos que se transmiten y aprenden dentro de las familias.
La
cultura influye directamente en los comportamientos alimentarios, pues las tradiciones, estilos de vida, creencias y simbolismos determinan qué se come, cómo se preparan los alimentos, quién los prepara y dónde se obtienen los ingredientes. Todos estos aspectos conforman la
cultura alimentaria.
Cada día elegimos nuestros alimentos y bebidas no solo por sus efectos en la salud, sino también por factores como el sabor, la textura, los recuerdos que evocan, el disfrute, la afinidad cultural, la disponibilidad e incluso el precio.
La alimentación.
Debe ser completa, equilibrada y suficiente, es decir, incluir todos los nutrientes en las cantidades y proporciones adecuadas para cada persona, de acuerdo con sus necesidades individuales.
Debe ser inocua, es decir, segura para el consumo habitual, sin causar daño ni provocar enfermedades.
Debe ser adecuada, es decir, adaptarse a las características de cada persona: edad, sexo, nivel de actividad física, estado de salud y condiciones fisiológicas específicas, como el embarazo o la lactancia.
Debe ser placentera, acorde con la cultura de cada persona y accesible económicamente. Además, debe resultar atractiva, ya que solemos elegir los alimentos por su sabor, afinidad cultural, beneficios para la salud y porque están al alcance de nuestros recursos.
La alimentación debe incluir alimentos que aporten suficientes nutrimentos, evitando el exceso de azúcares, grasas saturadas y sodio. Además, su consumo cotidiano debe ser seguro y no causar daño a la salud.
Se recomienda priorizar alimentos de origen vegetal, como cereales integrales, leguminosas, verduras y frutas. Estos aportan energía, fibra, vitaminas y minerales, y la combinación de cereales con leguminosas ofrece proteínas de alta calidad.
Se recomienda evitar los cereales refinados y los alimentos procesados, ya que suelen aportar grandes cantidades de energía, azúcares simples y sodio. El exceso de estos componentes puede transformarse en grasa corporal y, en el caso del sodio, provocar daños a la salud y favorecer el desarrollo de enfermedades.
Se debe evitar el consumo de alimentos con alto contenido de grasas, azúcares y sal, ya que favorecen el desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles como la obesidad, la diabetes mellitus y la hipertensión arterial, entre otras.
Se recomienda consumir alimentos de origen animal en poca cantidad, dando preferencia a los lácteos descremados y a las carnes magras como pollo y pescado, preparados de forma asada o cocida. De este modo se evita el consumo excesivo de grasas saturadas y colesterol.
La dieta correcta es siempre individual, pues debe adaptarse a las características, necesidades y circunstancias de cada persona.